viernes, 15 de febrero de 2013

Doña Rosita, reloaded



  Doña Rosita lleva batón y es regordeta, tiene el pelo prolijamente blanco y es chiquitita, tiene incontables arrugas, casi tan incontables como sus años y habla fuerte, a los gritos . En realidad no se si se llama Rosa, el nombre se lo puse yo porque está de moda entre los ¿periodistas? ¿escritores? ¿bolaseros pagos? de Página/12. Las  Doñas Rositas medio que molestan, y esta en particular, ya lo hacia en demasía.
 Dígame Doña Rosita, no cree que está vieja para viajar en tren? Por qué no se toma un taxi que es mas cómodo para su edad? A mi no me venga que la jubilación no le alcanza porque le congelaron los precios.. ¿Qué mas quiere? ¿UNA RAMPA PARA SUBIR POR SUS PROPIOS MEDIOS? Deje de molestar Doña Rosita, que hay cosas mas importantes como el abrazo de Forster al ombú de la 9 de julio.
  Se necesitaron de tres hombres y una mujer que la sostenía desde atrás para que Rosita subiese al Belgrano Norte, perteneciente a la empresa Ferrovias, concesión otorgada por el Estado Nacional al grupo Emepa cuyo dueño con el 91% de las acciones es el abuelito multimillonario: Banjamin Gabriel Romero. Todo un personaje el abuelito de Heidi. Porque resulta que Benja era un chatarrero roñoso, que supo ser  fana fana de: los radicales, los peronistas de derecha, de izquierda y básicamente de todo lo que se moviera y le generara algunos milloncitos mas, asi fue como paso de un dos ambientes en el Bajo Flores a un piso entero en Avenida Alvear,en el que no le escatimó en lujo y gastó, casi casi, lo que Boudou en su despacho. Como todo rico fanático de los gobiernos de turno, Don Benjamin es ahora íntimo kirchnerista, algo así como un camporita pero sin tanto compromiso social, sino preguntenle a Doña Rosita. Y la verdad que con este gobierno, la esta pasando genial, porque no sólo es  socio mayoritario de Emepa,en donde agrupó a: Ferrovias ( trenes) , Hidrovias(dragado y balizamiento de vías navegables), Ferromel y Herso ( construcción y mantenimiento de vías ferroviarias y equipamiento de trenes), y Ferrocentral (trenes de larga distancia)- ademas de algunas empresitas agropecuarias, con un par de hectáreas de campos, que no dudo en posicionar de manera tal que el Belgrano Cargas le sea de suma utilidad para trasladar la soja al puerto- sino que también  es socio accionista de Ugofe, empresa que administra y controla el Ferrocarril San Martin. A la larga lista de pymes agreguemos que el Estado- a.k.a: Jaime sigue atrás de los  negocios del transporte público-  le otorgó la concesión de los ferrocarriles que después del pequeño desliz de 51 muertes no le quedo mas remedio que sacarselos a otro amigo: Cirigliano, y darle a Romero un porcentaje generoso en las acciones de TBA. Para resumir, en cualquier estación de Ferrovias no te cargan la SUBE, porque es mucho quilombo y ni se molestan en atraer pasajeros porque tienen el monopolio del transporte ferroviario de Argentina. Si, monopolio, como Clarín.

 Pero volvamos a Doña Rosita, en 2007 (DOS MIL SIETE) el senado aprobó un fallo en el que se le otorgaba a Ferrovias un plazo de 90 (NOVENTA) días para adecuar sus andenes con rampas fijas para personas con capacidad reducida, ademas de, por lo menos, una rampa móvil por formación.
Vos viste la rampa? Porque ni Doña Rosita ni yo, tuvimos esa suerte.

 -Disculpame, no hay una rampa para que pueda subir la señora? - me salió medio patotero y el empleado se me quedó mirando
- Rampa? che Juan, hay rampas en el tren?
- Mirá si va a ver rampas, vo´

Era la respuesta que necesitaba.
 
Ya había escrito en alguna ocasión sobre esto, sobre los derechos de las personas a transitar libremente, a disponer de su cuerpo, y a vivir dignamente, y sobre como no se cumplían,  sobre como quienes no gozaban de plena salud física debían, a fuerza de voluntad, rebuscarselas para subir el cordón de una vereda, que ademas se encontraba en mal estado. En ese entonces me ayudó la gente de Acceso Ya, una organización sin fines de lucro y con alcance tan sólo en la Ciudad de Buenos Aires, que se encarga de recibir denuncias, y hacer relevos,  ayudados por ciudadanos, de la cantidad de rampas en mal estado o inexistentes tanto en calles, como en escuelas e instituciones públicas. Así fue como me lleve la sorpresa que cerca de 200 escuelas primarias no contaban con rampas de acceso para alumnos discapacitados y la alegría de, más tarde, enterarme que, gracias a la acción de la organización,   176 escuelas ya estaban en proceso de adecuación de las nuevas rampas.

 El tema es que los relevos y las denuncias deben hacerse a un servicio público y ahí,  la burocracia mata, da dolor de espalda, de cabeza y empeora cuando el ciudadano no sabe a quien putear primero y no hay organizaciones que se encarguen de ello.


Probablemente Doña Rosita nunca sabrá que Ley Nacional N° 24.314 la ampara como tampoco nunca sabrá que debía presentar una denuncia ante Ferrovias, o capaz que si , pero a Doña Rosita no le quedan muchos años y no tiene ganas de ir de paseo a un holding económico, esta harta de que la paseen.

 El problema es cuando atrás de Doña Rosita intenta subir una madre con sus bebé en cochecito y tampoco puede.










sábado, 9 de febrero de 2013

De mis viajes y otra yerbas



 Me tome el tiempo para visitar blogs de viajes y similares,  ahí estaban… saltando con sus balis en alguna escalinata del Machu Pichu, sacándose fotos con niños indios o en la quinta avenida frente a  tiendas carísimas que muy probablemente les hayan negado hasta la entrada.
Entonces me decidí.
En mi blog no habría Torres de Pizza, Eiffels o Plazas madrileñas, relataría mis viajes en colectivo, trenes y subtes , mis paseos por el conurbano y la capital y mis visitas a espacios e instituciones públicas.
O parte de ellos, porque siempre llevo conmigo la incertidumbre de saber si llegaré a destino , o si me atenderán como ciudadana.
De aquí en mas, mis crónicas.
                                                                         *
No quería salir de casa, eran las 11 de la mañana y se me estaba haciendo tarde, estaba el noticiero  prendido y la pagina de La Nación abierta, mi inconsciente se preparaba para indignaciones posteriores
Salí, a regañadientes, pero salí. .El destino era Aduana Argentina, entre Antártida argentina y Lituania, pleno Retiro.
Me tome el 19 y el chofer me saludó, sospecho que, como a mí, le habré resultado familiar, era de hacer ese mismo viaje todas las semanas  y siempre lo postergaba para el mismo horario. Llegué a la estación del Belgrano y algo me cautivó: estaba limpia, detalle no menor para un peatón acostumbrado a patear montañas de basura. Una estación limpia era algo digno de dejar asentado.
Me prendí un pucho y me fijé la dirección del viento para posicionar el Marlboro de manera que el humo no le llagase a la viejita con joroba que tenia a mi lado.
Me dio lástima dejar la colilla en el suelo inmaculado,  así que la apague y la tiré al tacho, en el mismo momento en el que veía, desde lejos, el tren acercarse.
-Está hasta las bolas-lamenté en voz alta al notar que había personas viajando en las escaleras. Me salió del alma y sonó a quejido. La viejita de joroba me sonrió.
Conté los vagones y me subí al quinto, porque si hay algo que aprendí es a no amontonarme en el primero, no vaya a ser cosa que algún funcionario se burle de mi en conferencia de prensa.
La sorpresa me la lleve una vez adentro: había decenas de asientos vacios.
-Acá corre más viento-le recriminó un pasajero al guardia que intentaba cerrar la puerta. Mas viento y más peligro, pensé.
El guardia se fue y los rebeldes volvieron a sentarse en la perta, pero eso ya no me indignaba porque  me había predispuesto a escuchar el cántico de una nena que intentaba vender libritos para colorear. Lo rezaba con una memoria que hubiese impresionado hasta al mismísimo Funes de Borges
Tenía 9 años y era descendiente de alemanes, no me cabía dudas; ojos verdes, rubia, alta y facciones que me recordaban a alguna virgencita provincial.
Nadie de ese vagón le compró un librito y yo me quedé con el usual resentímiento  hacia mi misma por no saber nunca que es lo mejor, si darle o no plata, si llamar a esa línea para ¿denunciar? ¿ Denunciar a quién? ¿A la chiquita? ¿A dónde se la llevan? ¿Y los padres? ¿Te atienden en esa línea?
No se, no se que hacer en esas situaciones y me pongo mal, muy mal.
Ahora estaba dedicada a mirar por la ventana.
Mucho autos nuevos, limpios y nuevos, me pregunté qué habrán costado , ¿ a cuestas de que teníamos ese parque automotor impecable?  Me pareció obtener la respuesta en la cara del vendedor de medias, pero no estoy del todo segura.
Enfrentada a mi asiento una chica sostenía la mirada perdida, seguramente soñaba despierta. Tenía cara de cansada, pero no de laburo, cansada de la vida. Cada tanto se agarraba la cabeza, como si sueño fuese interrumpido por una pesadilla, o por la realidad misma. Se bajo en Saldias.
 Seguí mi rumbo porque todavía faltaba pasar por atrás de la Villa 31. Pensé que no había vista más escalofriante que la parte trasera de una villa, porque en si, el frente ya era desolador.
Llegué y me quedé dos minutos sentada, seguía con la vista fija en la ventana, contemplando, esta vez, gente amontonada, apurada, empujada. Caminaban al unísono cargando bolsos, chicos e instrumentos.
Un tipo ofrecía torta fritas a los gritos y un nene lloraba desconsolado. Yo lo entendía, porque si hubiese llegado al mundo 6 meses atrás, también estaría aterrorizada con las caras devastadas de los, ahora, ex pasajeros.
Afuera de la estación me fue inevitable respirar profundo como quien sale invicto de una batalla, o cuerdo de un loquero. En este caso, daba igual.

                                                                       *

Conté unos siete puestos de chucherías chinas antes de llegar a la esquina para cruzar la Avenida Ramos Mejía.
El día pintaba peronista y el puesto de patys y choripanes  "La Argentina" lo galardonaba, así que me senté en la plaza mirando la fuente de agua (ahora adornada con una especie de tótem, antes adornada con 3 familias enteras viviendo en lo que podría denominarse como tolderías).
Saque mi teléfono y chusmee twitter: todo seguía igual, el blue había vuelto a  subir, y se puteaba a Cristina y a Macri con igual entonación.
Habían pasado cinco minutos cuando se me acercó un barrendero, -Nena que haces acá? Rajá para la vereda que tenés los ojos muy claros y te van a afanar todo- . Comprendí que no era día para descansar, le hice caso y se me hizo eterno llegar al otro punto de la plaza. Crucé.
 Podría contarles de la Aduana, pero ¿para qué? Los que conocen saben que todo en ese lugar, se siente, parece y hasta huele a nido de ratas. Todo. Y los que no, bueno, no creo que quieran conocer un nido de ratas, a menos , claro, que se sientan parte de la manada.
  Volví haciendo malabares: dos cajas que no debían caerse, la cartera adelante y los ojos para los costados. Pase por una carnicería y apresuré el paso, me era físicamente imposible vomitar. Pasé por una calle(¿calle?) de entrada a la 31. Disminuí el paso. Sonaba cumbia colombiana de fondo y tres mujeres hablaban y una se sacaba una autofoto.
                                                                                    *
Si quería llegar a mi casa lo antes posible debía tomar el tren que salía del andén 2, si quería seguir escribiendo entonces debía tomarme el del andén 3, que recién llegaba. Y es que Buenos Aires tiene mucho de eso, de libro en el que podes elegir tu propia aventura.
 Quise seguir escribiendo.
                                                                                  *

Ahora ya estoy adentro, me senté del lado de la ventana como siempre, en los asientos enfrentados. En diagonal una madre con su hijo comparten un pancho, en frente un chico lee filosofía, y al lado mío un señor mayor con dolor de rodillas.
Arrancamos de vuelta. Avanzamos más despacio que de costumbre y el traqueteo me duerme, intento cerrar los ojos , pero el bocinazo y la rapidez  con la que pasó el tren de ida me hicieron saltar del asiento.
-Tranquila, no pasa nada , te tenés que traer auriculares como yo, ves?
-¿auriculares?-
- Claro, acá en el tren todos hacen eso, bah, en todos lados, la gente siempre hace oídos sordos a los problemas-
 Yo los dejo pensando la frase que me dijo el viejito de al lado porque ahora estamos llegando a Aeroparque y me gusta ver despegar a los aviones de Aerolíneas Argentinas. No veo ninguno. Despegan?